Publicidad personalizada: tierra virgen
La personalizaci贸n, sea de publicidad o de otra cosa, exige conocer algo de informaci贸n del beneficiario o receptor del servicio. Dif铆cilmente se puede amueblar un sal贸n a medida si no le dejan al dise帽ador recabar informaci贸n de su cliente.
Internet como medio publicitario presenta indudables ventajas respecto a los medios de comunicaci贸n convencionales. Estas se basan en dos caracter铆sticas singulares: interactividad y personalizaci贸n, ventajas de las que carecen los restantes medios.
Por ejemplo, la televisi贸n, el peri贸dico y la radio pueden transmitir un mensaje a mucha gente. Pero no son capaces de recoger sus reacciones de forma directa, pues presentan una interactividad muy limitada. Adem谩s, el mensaje es el mismo para todos los receptores, es imposible por su propia naturaleza personalizarlo.
Una conversaci贸n telef贸nica o una entrevista s铆 son interactivas y personalizadas. Pero claro, llegan a un solo individuo con cada acto, no a muchos a la vez. As铆 que Internet combina lo mejor de los dos mundos: interactividad, personalizaci贸n y acceso a mucha gente.
L贸gicamente, las posibilidades que esto abre para los empresarios innovadores son desconocidas y tal vez infinitas. Se avanza constantemente en mejorar la interacci贸n de la publicidad; sin embargo, la personalizaci贸n de la misma se encuentra con obst谩culos muy dif铆ciles de salvar.
Como es de imaginar, la personalizaci贸n, sea de publicidad o de otra cosa, exige conocer algo de informaci贸n del beneficiario o receptor del servicio. Dif铆cilmente se puede amueblar un sal贸n a medida si no le dejan al dise帽ador recabar informaci贸n de su cliente, sus gustos, preferencias o vivienda. Pues lo mismo ocurre con la publicidad.
El problema es que cuando se trata de recoger este tipo de informaci贸n, los emprendedores se tropiezan con un mont贸n de defensores del derecho a la intimidad, desde la Comisi贸n Europea hasta el 煤ltimo ayuntamiento, pasando por todo tipo de organizaciones que con la disculpa de salvaguardar nuestros intereses de una inconcreta amenaza, impiden completamente el desarrollo del negocio. Que se lo digan a Google o m谩s recientemente a BT y a Virgin en el Reino Unido, contra los que ya lleva un tiempo la caza de brujas.
No se convencen estos iluminados de que el empresario que quiera hacer leg铆timamente dinero con un negocio de estas caracter铆sticas ser谩 el primer interesado en que nuestra intimidad quede suficientemente protegida. Porque, al contrario que las instancias antes enumeradas, este se帽or se estar谩 jugando su dinero y su futuro en el envite. En el momento en que sus posibles clientes no queden satisfechos de una u otra forma por el manejo de los datos obtenidos, ejercer谩n sin clemencia su poder para sacarle del mercado.
Cosa que, por cierto, no puede ocurrir si las citadas administraciones, que tanto se preocupan por que otros no manejen nuestros datos, empiezan a manejarlos contra nuestros intereses. Alguien se atrever铆a a decir que ya lo hacen.
No se puede concretar si esto de la publicidad personalizada supondr谩 un avance o una p茅rdida de tiempo, si mejorar谩 nuestra calidad de vida o, por el contrario, nos causar谩 un engorro tras otro. Lo 煤nico cierto es que hay gente dispuesta a apostar por su utilidad, gente dispuesta a explorar esta tierra virgen. Desgraciadamente, me huelo que las barreras erigidas en torno a este lugar nos impedir谩n disfrutar de sus frutos; eso s铆, ser谩 por nuestro bien.
Fuente: theslogan.com - Libertad Digital Por Fernando Herrera




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